Yvonne Domenge nos dicta puntualmente el altivo texto de cuerpos y geometrías cuyo armónico desequilibrio es el ondular perpetuo de círculos, conchas, soles pariendo mundos colosales.
Yvonne, colosal ella misma, completándose siempre, siempre pariendo titanes. Yvonne Domenge, esa curiosa necesidad de ser el círculo del que fatalmente parte la escultura a la que siempre también tenemos que volver.
El esencial mensaje de su trabajo nos hará oscilar entre luces y sombras para presentir la tragedia de ser un caos mesurado por la belleza.
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